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MISIONES APOQUINDO > Boyeruca 2010
Todo nació con una simple y casi obligada invitación hecha por un amigo cuyo hijo estudia en el colegio Apoquindo. ¿Me quieres acompañar a ayudar a reconstruir la iglesia de Boyeruca que fue arrasada por el Tsunami de febrero?
Sin pensarlo dos veces respondí que por supuesto, que encantado partía.
Me explicó a grandes rasgos de la Hermosa responsabilidad que había asumido el colegio Apoquindo con la pequeña comunidad de Boyeruca, la idea era que entre alumnos, profesores y apoderados del colegio se realizara la reconstrucción de la iglesia del pueblo.
Era una fría y nublada mañana del mes de junio en Santiago y partíamos rumbo a Boyeruca, con la camioneta cargada de implementos de construcción enfilamos rumbo al sur.
Durante el camino iba creciendo la ansiedad por llegar, no era mucha la información que se tenía dentro de esa camioneta pero las ganas por ayudar y la necesidad de decir presentes en el proyecto Boyeruca eran demasiado grandes.
A medida que devorábamos kilómetros y nos acercábamos a nuestra meta se comenzaban a ver los estragos producidos por el terremoto, carreteras gravemente dañadas, casas e Iglesias por los suelos.
Sin detenernos seguíamos rumbo a Boyeruca hasta que finalmente comenzamos a entrar al pueblo, el pequeño, pobre y sufrido Boyeruca. Pueblo de pescadores que viven casi exclusivamente de lo que el mar les entrega, ese mismo mar que a fines de febrero les hizo presenciar cómo les quitaba casi todo lo que tenían, incluida su Iglesia.
La impresión fue grande al llegar, ya que fuera de ser un pueblo pobre de no más de 300 habitantes me comencé a percatar que casi la totalidad del pueblo había sufrido daños de mucha importancia en sus pobres pero dignas casas.
Varias de estas casas ya no estaban ya que habían sido arrastradas por completo por el maremoto.
El terreno donde antiguamente se encontraba la Iglesia del pueblo era un sitio vacío y lleno de piedras y escombros. Con este espectáculo nos encontramos a nuestra llegada.
Una de mis grandes dudas era como un pequeño grupo de profesores y apoderados ayudados por entusiastas alumnos podrían llevar a cabo de correcta y organizada manera tan pretenciosa y bella tarea.
A poco andar esa primera duda se fue despejando y quedé gratamente sorprendido de como tenían todas las labores muy bien distribuidas. Los alumnos con una capacidad de trabajo y concentración admirable recibían las instrucciones entregadas por los mayores y ejecutaban su duro trabajo con gran alegría y dedicación. Los profesores y apoderados sin tomar en cuenta edad ni achaques del físico no se iban en saga y también no paraban de trabajar.
Trabajo que en esos momentos era duro y bastante pesado.
A medida que transcurrían las horas del día poco a poco se sumaban trabajadores voluntarios, trabajadores que eran habitantes del pueblo de Boyeruca y que seguramente al ver tanto esfuerzo, dedicación y trabajo entregado por alumnos, profesores y apoderados del colegio Apoquindo no dudaron en sumarse a la cuadrilla de trabajo.
Al final del día se sentía el esfuerzo realizado y se podía ver en la cara de los improvisados compañeros de trabajo. Pero pese al esfuerzo físico de todas esas primeras jornadas de trabajo la satisfacción por lo que se estaba realizando era infinita .
Antes de comida una revitalizadora misa oficiada por el padre Sergio y luego a conversar las experiencias vividas en el día en torno a un rico y sencillo asado a la parrilla.
Teniendo al padre Sergio como moderador comienzan a brotar los testimonios de satisfacción e inmenso agradecimiento por parte de alumnos, apoderados y profesores hacia el colegio Apoquindo por haberles entregado la posibilidad de participar en tan hermoso proyecto.
Personalmente y tal como lo decía al inicio de mi relato, yo me encontraba ahí gracias a la invitación de un amigo, no tengo hijos en el colegio Apoquindo pero podía dar fe de la maravillosa experiencia que como seres humanos y cristianos se estaba comenzando a desarrollar en Boyeruca.
Para mi será una experiencia inolvidable como no tengo dudas lo será también para cada uno de los que han participado de alguna manera en esta bella cruzada.
Luego de ese primer fin de semana han sido varias las veces en que he vuelto a Boyeruca a continuar con mi ayuda silenciosa, es más he ido junto a mi hija menor y he podido constatar de cuanto la a marcado ese viaje que realicé con ella.
Doy gracias a mi gran amigo que me invitó esa primera vez pues sin esa invitación nada de todo lo vivido, aprendido y entregado en Boyeruca hubiera podido ser realidad, doy gracias a los profesores y alumnos del colegio Apoquindo por haberme recibido de tan buena y cálida manera y haberme permitido ser testigo de ese gran espíritu de Amistad y Cariño visto entre ellos pero por sobre todo agradezco a Dios por haberme permitido participar y ser una pequeña parte junto a mi hija de tan hermoso proyecto.
Juan Ignacio Valdivieso